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El viaje como forma de vida 2da parte

El viaje como forma de vida 2da parte

¿Qué mueve a determinadas personas a dejarlo todo para viajar?

Tantos motivos como viajeros. Pero, ¿qué mueve a determinadas personas a dejarlo todo para viajar? En palabras de la psicóloga y escritora Isabel Larraburu, "en ocasiones un viaje de este tipo comporta una huida hacia un destino imaginado, un ideal donde no nos van a perseguir nuestros sufrimientos; otras veces, el viaje se considera una etapa vital que el viajero cree que tiene que vivir antes de sumirse en una vida previsible". Puede ser también “que el viaje tenga un destino más que planificado, como la obsesión de conocer a fondo y ‘conquistar’ alguna parte del mundo en concreto". O todo el planeta.

Xavier, lo resume desde la piel: "Viajamos porque es la manera más sencilla que hemos encontrado de ser felices". Salva pone el acento en la aventura: "Me atrae lo diferente, la incertidumbre: despertar en la mañana, desmontar mi tienda de campaña y poner todo el equipaje en mi bicicleta, sin saber lo que ocurrirá ese día, a quién conoceré, qué voy a comer y dónde voy a dormir".

Lo mejor de viajar es la gente que conoces, con la que aprendes muchísimo y te hace ser más abierto de mente y humilde Por su parte, Antonio Cuadrado, padre de Mateo y Candela y marido de Sonia, con quienes viaja por el mundo realizando por el camino una serie web, Makuteros, cree que viajar "es la mejor manera de entender el funcionamiento de este mundo y dar respuesta a las eternas preguntas de quiénes somos, adónde vamos y de dónde venimos".

Larraburu explica que "el proceso más llamativo en un viaje prolongado es la pérdida temporal de las referencias con las que una persona se identifica", lo cual constituye "un aprendizaje importantísimo, ya que el viajero se desprende de cosas que no son su ‘esencia’ y, cuando se relaciona durante el viaje, el contacto con los demás es mucho más auténtico, de realidad a realidad".

De ahí, quizás, que todos los viajeros entrevistados subrayen que conectan a un nivel humano muy profundo con las personas que van encontrando en el camino y, al mismo tiempo, aprenden que hay muchas maneras de vivir y de ver el mundo.

En palabras de Miguel Nonay, un zaragozano de 53 años a quien su condición de parapléjico no le impide vivir viajando en su silla de ruedas y practicar todos los deportes de aventura posibles, "lo mejor de viajar es la gente que conoces, con la que aprendes muchísimo y te hace ser más abierto de mente y humilde". Bajo su punto de vista, "si los políticos hubieran viajado un poco más con mochila y menos en limusina, tendríamos muchos menos problemas".

En la misma línea, Joseca subraya que viajar ayuda a "apreciar lo que te rodea, la gente que te acompaña y vas conociendo, la que vas dejando atrás y la que siempre estará ahí", además de aprender "que el mundo es muy grande y hay muchas maneras de ver la vida".

Salva explica que eligió la bici como medio de transporte precisamente "porque es muy accesible a la gente, no tiene ventanas y quien tiene curiosidad se acerca a saludar, a entablar conversación".

¿De qué vive quien vive viajando?

Una vez hemos despejado el por qué, queda algo no menos importante: ¿cómo lo hacen? Y sobre todo, ¿cómo lo pagan? "Si lo ponemos en términos educativos y vivenciales, no hay dinero que pague las experiencias que hemos vivido y el legado que estamos dejando a nuestros hijos: viajar es lo único que te cuesta dinero pero que, a la vez, te hace más rico", sentencia Sonia.

No hay dinero que pague las experiencias que hemos vivido y el legado que estamos dejando a nuestros hijos Antonio echa por tierra "el mito muy extendido de que viajar es carísimo y que tienes que ser millonario". Aparte de que en regiones como Asia y Latinoamérica "todo resulta muy barato", enfatiza que "lo que más encarece un viaje es no tener tiempo", ya que "si viajas a la carrera, quieres ver mucho y sueles allanar el camino contratando una agencia que organiza todo y, obviamente, tiene que ganar dinero por ello, por lo que el viaje sale el triple de caro".

Para Jorge, "el truco consiste en ser comedido en los gastos y no tener inconveniente en alojarte en dormitorios compartidos con otros viajeros, o incluso, si se da el caso, pernoctar en estaciones de trenes, playas o autobuses nocturnos".

Además, durante los viajes largos se puede trabajar. "Antes trabajaba de cualquier cosa en los países ricos que atravesaba ricos en dinero, aclara, como recogiendo frutas en Australia o dando clases de español en Taiwán; pero en la actualidad friego platos en verano en las cocinas de varios hoteles de la Costa Brava y ahorro para financiarme los viajes".

Carme incide en que vivimos un proceso de "cambio de paradigma laboral". Actualmente, "vivir y trabajar deslocalizado es posible y cada vez está más en boga". Hoy en día, muchas personas pueden permitirse ser "nómadas digitales y trabajar desde cualquier lugar del mundo" gracias a internet, lo que facilita la vida viajera.

También existe la posibilidad del voluntariado, o trabajo a cambio de comida y alojamiento, la apuesta de Ricardo en su viaje en motocarro. "En previsión de que entre una y otra granja ecológica pueda pasar un periodo de tiempo sin cobertura en alimentación y hospedaje, llevo una cocina pequeña de gas, un colchón y utensilios de pintura y rotulación para trabajar, así como piezas de cerámica fabricadas por mí para vender", explica.

Ricardo ha trabajado muchos años como periodista y pretende colaborar con medios de comunicación, además de reunir material con vistas, "quién sabe, a un libro, una guía de viaje, una recopilación de personajes, algo así". Lo que se dice poner los huevos en diferentes cestas.

Otra opción es vivir precisamente de viajar. Es el caso de Miguel. Su trabajo consiste en comprobar la accesibilidad para personas con discapacidad de destinos turísticos, asesorar a los propios destinos sobre cómo pueden mejorar la experiencia de estas personas y divulgar a través de su web y vídeo blog viajerossinlimite.com las rutas accesibles.

Según explica, el de las personas con discapacidad “es un colectivo, en España, de cuatro millones de personas, que es muy interesante para los destinos porque su nivel de gasto es alto: necesitan hoteles adaptados, que suelen ser de 4 o 5 estrellas, tienen que alquilar coches adaptados, etcétera”.

En cualquier caso, un viaje de estas características no es un camino de rosas, tiene momentos duros y difíciles. En primer lugar, hay que olvidarse de la comodidad y renunciar a ciertos ‘lujos’ que ofrece la vida sedentaria.

Además, Larraburu explica que durante una experiencia tan intensa como esta, los viajeros pueden pasar por diferentes fases, como "curiosidad, soledad, nostalgia, aburrimiento, sorpresa o miedo".

Sea como sea, "lo más doloroso es renunciar por un tiempo prolongado a la familia y los amigos", en palabras de Salva, quien señala que "las pertenencias, el confort, el estilo de vida de un país como España, todo eso son cosas que alegremente se dejan atrás por tener el mundo como jardín cada amanecer".

¿Qué sucede a la vuelta del viaje?

Otro aspecto muy interesante es qué sucede a la vuelta de un gran viaje, cómo se sienten los viajeros al regresar a casa después de un hito de estas características.

"Debido a las increíbles experiencias que viví en el primer viaje, mi regreso a España no fue muy fácil, intenté adaptarme a la rutina, pero me fue imposible", se sincera Joseca.

Explica que sintió "un gran vacío; después de un año entero sin parar de experimentar cosas increíbles, de pronto vuelves a una realidad en la que sientes que no encajas, que estás de más, que no comprendes y no compartes".

Mi regreso a España no fue muy fácil, intenté adaptarme a la rutina, pero me fue imposible Larraburu lo corrobora desde la psicología, y asegura que es común "la sensación de no pertenencia, de sentirse distinto de los demás a causa de las vivencias". Según explica, "lo que está claro es que un viaje de este tipo te cambia y te hace crecer: si luego encajas o no en tu entorno anterior, solo el tiempo te lo dice".

Sea como sea, todos los viajeros experimentados que hemos entrevistado tienen muy claro dónde está su hogar, el lugar al que volver para descansar y preparar el próximo viaje. "Encuentro mi barrio de Hospitalet el más acogedor del mundo y no lo cambio por ninguna isla paradisíaca del Pacífico", asegura Jorge, en una afirmación que cobra una fuerza especial viniendo del hombre más viajado de España.

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